vida nocturna en Villa La Angostura

chocolate, ese oscuro objeto del deseo

Dicen que fue robado a los dioses, como el fuego de Prometeo, para luego convertirse en objeto de contrabando. Su condición de irresistible queda a la vista, aunque no todos sepan que alguna vez fue llamado “elixir del amor” por su fama afrodisíaca.

Según una antigua versión, el árbol del cacao era custodiado celosamente por los dioses para propio su uso y deleite hasta que uno de ellos, Quetzacoátl, decidió participar a los humanos del festín. Antes de ser castigado –como es tradición en esta clase de historias-, alcanzó a enseñar a las mujeres toltecas cómo moler y mezclar las vainas de cacao hasta obtener la preciada bebida.

El cacao se convirtió entonces en un manjar reservado a los sacerdotes y las clases privilegiadas. El escenario de estos hechos es el sur de Méjico y tres mil son los años de antigüedad de la planta más antigua hallada en América. El origen mismo de la palabra chocolate se pierde en la oralidad de las etnias tolteca, maya y azteca. En la cultura de estos últimos, las vainas de cacao llegaron a convertirse en moneda de cambio: cien de ellas bastaban para adquirir un esclavo y sólo doce pagaban los favores de una cortesana.

En tiempos de Hernán Cortés, los aztecas no escatimaron su saber a los conquistadores y detallaron los beneficios que atribuían al cacao, según ellos bueno para la salud del corazón y probado energizante de sus guerreros. También mencionaron su uso en sacrificios y ritos funerarios, aplicaciones desde ya poco relevantes para la cultura europea. Sin embargo, un dato extra llamó la atención y en parte fue responsable del éxito que tendría el cacao al otro lado del océano: Monteczuma lo consumía en grandes cantidades para aumentar su vigor sexual y dejar bien contentas a las damas.

Un nuevo formato

El producto sólido y en barra, tal como lo hoy conocemos, llega de la mano de un par de alemanes que utiliza una novedosa receta italiana para manufacturar chocolate con leche. Corre el año 1865 y uno de ellos porta el apellido Lindt. Difícil saber si comprende la proyección de su negocio en los tiempos venideros.

Las pascuas se llenarán de huevos y figuras comestibles. Al igual que antes los guerreros aztecas, soldados norteamericanos marcharán a la segunda guerra mundial con barras de chocolate en sus mochilas. Ningún otro alimento será capaz de otorgarles semejante aporte energético ni alimentarlos de manera tan completa. Niños y adultos de todo el mundo lo consumirán con pasión y figuras de varias generaciones confesarán su devoción de manera abierta: Bonaparte y el papa Pablo VI, Rubén Darío, Agatha Christie y Neil Armstrong.
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